Historia

La residencia San Jerónimo es una fundación que nació el 27 de diciembre de 1911, para cuidar a las personas más desfavorecidas. Su construcción fue gracias a un dinero que heredó de unos parientes Doña Jerónima Uriarte, quien mandó edificar el Asilo con idea de proporcionar albergue y asistencia, especialmente a las y los mayores desvalidos y desprotegidos.
Fotografía Doña Jerónima Uriarte, fundadora de la residencia Doña Jerónima Uriarte fundadora de la residencia
El mérito de Doña Jerónima Uriarte fue memorable e inolvidable.
Así como reconocer a todo el pueblo de Estella y merindad por su afecto y gratitud.

Al comienzo fueron años muy duros económicamente, ya que antiguamente no se pagaba cuota, puesto que no existían las pensiones. El ayuntamiento aportaba lo que podía en cuanto a medicamentos y, la huerta y los animales del Asilo abastecían las necesidades primarias de los/as mayores...

Doña Jerónima confió en la Congregación de las Hermanas de Santa Ana para dirigir y cuidar la fundación, al tiempo que dejó escrito en su testamento que el patronato rector había de ser el párroco y el coadjutor de la Parroquia de San Juan, el párroco de la Iglesia de San Miguel y la superiora de la Congregación de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana. Así se hizo.

Durante muchos años las Hermanas de Santa Ana trabajaron y sacaron de donde no había para poder alimentar a todas las personas del Asilo. La historia no se puede entender sin la Hermana Teresa Belloso, quien exprimió al máximo los recursos existentes durante muchos años. Así como Don Andrés Echeverría, quien se dedicaba a la compra venta de animales y fue administrador del Asilo durante muchos años. También una mención especial a Don Benjamín Ugarte, quien se encargaba especialmente de la huerta y trabajó día y noche por el Asilo. Y agradecer también a la Hermana Mª Jesús Zabalza, quien transformó el Asilo en la Residencia que hoy es, adaptándose a los tiempos y a la sociedad en la que vivimos.

Desde julio de 2009 la hermana superiora actual, Doña Rosario Busto, respaldada por sus Hermanas, decidió dedicarse más íntegramente al cuidado de los abuelos y dejaron la dirección.

David Cabrero del Amo, quien llevaba más de dos años trabajando como terapeuta ocupacional, fue en quien el patronato confió la dirección, y quien ahora sigue trabajando día a día para ayudar a nuestras y nuestros mayores.

Lo único que no ha cambiado a los largo de este siglo es el cariño y la atención que tanto los y las trabajadoras, como las Hermanas de Santa Ana proporcionan día a día a nuestros residentes.
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