Edurne Mañeru, Gerocultora de Fundación San Jerónimo.
¿En las residencias se trata con dignidad a las personas mayores?
Hablar de “dignidad” en una residencia de personas mayores es un tema necesario y, a veces, incómodo. En teoría, todas las residencias deberían ser espacios donde las personas mayores reciban un trato respetuoso, humano y cercano. Sin embargo, en la práctica, la realidad puede ser muy diferente.
Creo que la dignidad en las residencias no depende únicamente de las normas o de las instalaciones, sino sobre todo de las personas que trabajan en ellas. La vocación, la formación y la sensibilidad marcan una gran diferencia en la calidad del cuidado. Creo firmemente que San Jerónimo se diferencia del resto por eso mismo, por el trato humano que todas y todos como personal trabajador intentamos dar a las personas que viven y acuden a San Jerónimo, porque sabemos que, gracias a nuestro trabajo, estas personas pueden disfrutar de esta etapa de vida de manera digna y feliz.
No está de más recordar que somos una fundación comprometida con ofrecer los mejores cuidados. Nuestro trabajo se basa en el modelo de Atención Centrada en la Persona un modelo que por encima de todo pone en primer lugar a la persona, priorizando en todo momento sus gustos, rutinas y, sobre todo, reconoce su capacidad de decisión, algo que con frecuencia se pasa por alto en determinadas edades, quitándoles el poder de decidir sobre su propia vida.
En San Jerónimo acompañamos personas en su día a día, nos interesamos por sus gustos, preferencias a la hora de asearse, vestirse, comer, acompañamos sus sentimientos y algo fundamental, cuidamos de las familias para hacerles partícipes del día a día. Gracias a las historias de vida conocemos mejor a las personas que viven o acuden a San Jerónimo y así empatizar mejor con ellas, ya que de esa forma conocemos el pasado y podemos entender mejor el presente de cada una de ellas.
Como institución, sabemos muy bien que cada persona tiene derecho a la intimidad, a la imagen personal, y a la dignidad del riesgo, ya que siempre hay que priorizar su libertad sobre la seguridad extrema, consiguiendo así que cada persona tenga un control sobre su vida. En San Jerónimo no utilizamos sujeciones, sino que siempre intentamos acompañar a la persona buscando alternativas como los sensores.
En conclusión, trabajar en San Jerónimo como Gerocultora es un orgullo, ya que hace que todo merezca la pena, ser gerocultora no es limpiar y alimentar, en San Jerónimo va más allá de eso, hace que seamos el hogar de cada persona, creando un vínculo especial con ella. Es elegir cada día que la vulnerabilidad de las personas que viven en San Jerónimo sea tratada con el máximo respeto.